Pura paja, se le dice aquí en mi casa al que dice mentiras, y es que ambas cintas manejan un alto contenido de ficción, pero a su vez, ambas muestran la realidad tal cual.
Ficción, porque por ejemplo, Ninfomanía es un relato de una muchacha a un señor. Cosa que no se sabrá si es real o una simple invención de la protagonista, me recuerda ese escrito de Vargas Llosa: El ciaje de Odieso y Penélope. Totoro es una película de dibujos animados, así que, es una representación explícita de la realidad. Tanto la oriental como la occidental, ofrecen al consumidor puntos de reflexión: por ejemplo, Totoro lo incita a usted en creer en lo imposible, a hacer que lo metafísico altere su estado físico, es lo que hace el animalito que juega el papel de protector y ayudador de las pequeñas. En Ninfomanía, se brinda un punto de vista crudo, como la realidad inmediata, se muestra lo difícil que es la condición humana, y ello, nos lleva a buscar alternativas. Son extremos de la creación, dice el criterio, porque uno manifiesta el estado intangible para manipular lo tangible, y el otro, muestra al cuerpo, teniendo efecto sobre la psiquis.
Ambas son igual de válidas, Ambas poseen referentes, en Nifomanía, se alude a la técnica del pescador profesional, del músico diestro en la materia. En Totoro, se muestra la vida del humano que trabaja en el cultivo de arroz. Es curioso ver, por ejemplo, cómo en Ninfomanía, el dolor de la protagonista ha pasado, y se siente tranquila relatando su historia, mientras en Totoro, de la calma se va a la angustia, pero al final vuelve a la calma.
Las representaciones sociales, en Ninfomanía, rayan con la intimidad del ser, nadie quiere hacer públicas ese tipo de experiencias. En Totoro, casi todos, desearíamos ver al ser gigantes, o viajar en el gato que parece un bus. Las películas se complementan en eso, una marca la fanatsía del humano y la otra marca la realidad de nuestra especie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario